Saturday, 28 January 2012

Thursday, 26 January 2012

Incipiencia


En la continuidad del amor,
recibes la desesperada contienda.
Eres toda de pecho, mi bien;
y más hembra que el celo de la tierra.

Y si se diera cuerpo a mi tendencia
-si es que no lo tiene aún, acaso,
en tu lágrima que sacude a los cielos-
ni el vasto gobierno del hambre
se osaría al ceño de tal vigor.

Pero soy un niño indefenso:
todo mi valor se asume de la luz
de tu palabra que vuela a los besos
y me dice: yo también, aquí estoy.

...

Tuesday, 24 January 2012




   (...)
   Sólo una cosa hay necesaria: Todo.
   El resto es vanidad de vanidades.
                  G. K. Ch.

Sunday, 22 January 2012

Friday, 20 January 2012

Perdumen


ávido vacío que en la tierna edad
se forjó de tus límites rozagantes
y en el apocamiento de la soledad
libase el recuerdo fulminante

deliciosa potestad que sublevo
para secarme y nutrirte de nuevo
con un secreto de sangre en la boca
y un ansia loca [en todo el cuerpo

¡pero ni en la voracidad terrible
el religioso perfume es asible!
y los ojos como viejos pañuelos

y los días escarpados de anzuelos
y el atosigamiento invisible
del miedo

Thursday, 19 January 2012

Cartas para que descanses

I

Prueba de mi tuyo entendimiento

No te desveles, amigo

aquí las cosas

tampoco suceden,

todo es inminente aquí y allá:

la caída del cielo raso,

mi aplastamiento,

el tuyo,

el grito de la mujer de ojos blandos;

todo se cae demaduro.

¡Vieras con qué ojos me miran

las lánguidas cosas que van a pasar!

Me pinchan, me agarran,

Me dan vuelta, me abren, me duermen,

me doblan.

Toman de mi vaso y no lo lavan.

De ahí ese gusto a té de limón.

Aquí y allá,

y la piedra en el costado.

No te desveles, amigo

Aquí también

Las cosas

Se me escapan.

II

Prueba definitiva de la nimiedad humana

He asistido ayer al oleaje del mar en un momento cualquiera de la noche:

Las cosas suceden

III

Ejercicio de la nimiedad

Tal vez en un valiente acto de fe debas recortarte el bigote, darle un empujoncito a la aleta del ventilador para que dé una, dos y tres vueltas pesadas y se emborrache definitivamente (hasta que no pueda) en su propio vigor. No eliminarlo sino acondicionarlo, prepararlo para el futuro. Volverte, por un rato y ya que no es posible el cien, ochenta o noventa por ciento acto; que quede apenas un diez por ciento del otro lado, sólo como garantía, donde podremos poner tu boca inútilmente abierta y los ojos de fantasma degollado frente al espejo. Después me contás.

Los árboles

Hablan poco los árboles, se sabe.
Pasan la vida entera meditando
Y moviendo sus ramas.
Basta mirarlos en otoño
Cuando se juntan en los parques:
Sólo conversan los m
ás viejos,

Los que reparten las nubes y los pájaros,
Pero su voz se pierde entre las hojas
Y muy poco nos llega, casi nada.

Es difícil llenar un breve libro
Con pensamientos de árboles.
Todo en ellos es vago, fragmentario.
Hoy, por ejemplo, al escuchar el grito
De un tordo negro, ya en camino a casa,
Grito final de quien no aguarda otro verano,
Comprendí que en su voz hablaba un árbol,
Uno de tantos,
Pero no sé que hacer con ese grito,
No sé cómo anotarlo.


Eugenio Montejo