2 hours ago
Sunday, 11 March 2012
Saturday, 10 March 2012
Friday, 9 March 2012
Wednesday, 7 March 2012
(...)
Después, voy a caminar la lluvia como tantas otras noches, y en cualquier umbral voy a detenerme a respirarla, sopesarla como la parte más mía de todo este entramado casual y necesario llamado ciudad. Por ejemplo este recodo verde, con zaguán, donde un farolito me aporta calor y pareciera inmune en su obediencia a los usos de esta llamada época; porque, en silencio, guarda la santa costumbre de la hospitalidad sin credenciales, y me recibe igual que ayer a dos amantes desesperados después de sus tareas (ella coloreó con los dedos el cuaderno de su cara; alguien se desangró plácidamente en su saliva, permitiéndose ambos que las medias absorbieran el agua de un charco que los conminaba a un próximo, suave, comentado resfrío). Por la confianza que nos une, voy a dejar que me moje la cara y las entrañas. Apenas un rato después del regorjitar de las gotas en lo árboles desnudos, como grillos charlando en los arbustos, me iré a casa. Ni pienso tomar el asqueroso subte. (...)
Plop. Plop. Llueve. Tanto va el cántaro a la fuente. (...)
Monday, 5 March 2012
aunque su nombre
se pronunciaba con hondos perfumes
mas no por hambre
sino por manifestación (o juego)
o porque el amor clama un terreno
fui el primero en plantar
con la tarde de altar
en un manojo de tierra
verdad
¡y ni la noche la ahogaba!
dejé un movimiento
una circunstancia esbelta
de gesto vivo
y dulce esencia
para que sea suya la flor
y sea eterna
Wednesday, 29 February 2012
Tuesday, 28 February 2012
(...)
(Me quede ahí, mirándome la mano izquierda, veinte, treinta segundos; un minuto. Murmuraba una canción; no me acuerdo cuál era. Entre estrofa y estrofa le agregaba un “puto“. El Crónica contra mi pantalón era el pulso; mis pies, un bombo y un redoblante. Al final eso me habrá durado tres minutos, ponele. Después fui cambiando: pase por “luto“, “truco“, “fruto“. Probe “enjuto” y no iba. De fondo Larrea hablaba con un invitado; el Gordo Salinas, creo. Mi cabeza era un tren a doscientos por hora, pero no podía pensar en nada concreto. Estaba agitado y, diríase, divertido. También triste y urgente, pero lleno de energías. Con ganas de quemarme, Soñora.)
(Me quede ahí, mirándome la mano izquierda, veinte, treinta segundos; un minuto. Murmuraba una canción; no me acuerdo cuál era. Entre estrofa y estrofa le agregaba un “puto“. El Crónica contra mi pantalón era el pulso; mis pies, un bombo y un redoblante. Al final eso me habrá durado tres minutos, ponele. Después fui cambiando: pase por “luto“, “truco“, “fruto“. Probe “enjuto” y no iba. De fondo Larrea hablaba con un invitado; el Gordo Salinas, creo. Mi cabeza era un tren a doscientos por hora, pero no podía pensar en nada concreto. Estaba agitado y, diríase, divertido. También triste y urgente, pero lleno de energías. Con ganas de quemarme, Soñora.)
Enrico Ciriglano iba a estar en Buenos Aires una semana. Después, Córdoba, Rosario y de vuelta a Milán. Estaba parando en el Sofitel, pero, por algún motivo, todas las mañanas se subía a un Mercedes blindado y desayunaba en el Hilton, en Puerto Madero. Lo sé, Soñora, porque yo lo ví. Lo seguí, entendés. Pegué otro faltazo al laburo y lo seguí un día y medio; tenía que verle la cara a ese. Si supiera de Suárez, el hijo de puta, si supiera de nosotros. De ésto harán diez días, ponele que once.
Pero no estoy como para andar reclutando mentiras, tanto ida y vuelta desde un mismo lugar. El único lugar que sos vos, Soñora, que soy yo. No me puedo negar tanto, me entendés. Nos parecemos tanto a las cosas, Soñora, uno está tan parado indefectiblemente en su lugar, siempre, que indefectiblemente le empieza a dar vueltas al perro que es uno. Lo que es, Soñora, To On. Una maravilla de verdad. No el DNI, Soñora; olvidémoslo. Rompamos la brújula, hermano, siempre estamos llegando, diría Suárez, de cualquier forma y color estamos llegando. Tanto cadalzo en el pecho para entenderlo. Nuestras armas, Soñora, la dulzura, el desenfreno, monedas para festejar, que si no abrazamos la vida como un también festejo, Soñora, toda esa luz que no se ve, Soñora, si no mudara en fuego mi tristeza, si no fuera flor aquella flor, ¿sería qué cosa bastarda? Andá y abrazá a tu vieja, me decía Suárez en otras palabras. Dejate querer por el pasto, sacate esas medias y dejate querer por el pasto, cansate un poco, querés, me decía Suárez. Un amigo viejo, un jugador distinto, viste; maquinista del Roca veintisiete años y yo lo conocí jubilado, haciendo el mango de guarda y ahora somos amigos. Qué honor, Suárez; pero qué honor tu consejo y tu silencio. (...)
CINE LORCA
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